Mateo 8:3 ¨ Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció.¨
Amados, que la Paz de Dios sea con todos, y, que su misericordia, llene nuestros corazones. Estemos tranquilos, liberémonos de pensamientos agobiantes, Dios no se ha olvidado de nosotros, el nos tiene presentes, y, en su tiempo, va a proveer bendiciones geniales para nosotros. Quedémonos tranquilos ante las pruebas, tengamos fe. Dios cumple todo lo que promete.
La lepra era una de las peores cosas, que alguien podía enfrentar en los tiempos Biblicos, no apenas por el dolor físico, o, por las heridas visibles, sino por el impacto social que tenia, el leproso era excluido, apartado de la familia, de la comunidad, y, hasta de la adoración del templo, era como si una existencia hubiera sido pausada, como si la dignidad hubiera sido arrancada, junto con la salud, en ese escenario, surge la historia del verso de hoy. Un hombre cubierto por la lepra, se aproxima a Jesús, desafiando las reglas sociales, y, religiosas, y, en lugar de rechazo, el encuentra de Cristo, aceptación, brazos abiertos, una calidad recepción, Jesús podría haber dicho una palabra a distancia, y, la cura habría ocurrido, pero Jesús escogió tocar en el leproso, y, con ese simple toque, el restaura además de la piel, el restaura el afecto, la dignidad, el sentido de pertenencia, quizá no estemos luchando contra una enfermedad visible, quizá nuestra lepra sea algo que no vemos, un error escondido, un trauma, que insiste en doler, una culpa que pesa en silencio, puede ser hasta un diagnostico medico, una perdida, un luto. La verdad, es que todos nosotros, cargamos algo, que nos gustaría, dejar atrás, algo que quisiéramos ver limpio, curado, redimido, este texto bíblico que encabeza el material, ese episodio de la cura del leproso, no es solo sobre milagros físicos, es sobre un Dios, que ve más allá, de la enfermedad, es sobre un Salvador, que no tiene asco de nuestras heridas, que no tiene miedo de nuestras fallas, que no se aparta de nuestros dolores, por el contrario, el se aproxima, el toca, el dice: ¨Quiero, quedas limpio ahora¨, imaginemos a Jesús, diciéndonos eso, consigamos creer que él quiere restaurar, nuestra alegría, nuestra paz, nuestra fe, nuestra historia, nuestras vidas. La misma mano, que toco al leproso aun se extiende hoy, y, aun tiene el poder de curar, el único aspecto que el necesita, y, requiere de nosotros, es que nos aproximemos con fe, como aquel hombre hizo, diciendo ¨Señor, si quisieras puedes purificarme, y, hacerme limpio¨, la buena noticia es que él quiere, el siempre quiso. El quiere limpiar nuestros corazones, borrar el peso de la culpa, secar las lágrimas, que solo nosotros sabemos que hemos derramado, Jesús no solo puede, sino que él quiere, transformar, nuestras vidas. Hoy entreguémonos a ese toque. Permitamos que el mismo Cristo, que toco, al leproso, nos toque a nosotros, dejemos que él nos limpie completamente, por dentro, y, por fuera, porque cuando Jesús toca, todo cambia, y, cambia para siempre.
OREMOS:
Oh Señor, purifícanos, como purificarte a aquel leproso, pero que no sea solo una purificación física Señor, que sea sobre todo espiritual, para que podamos conocerte, y, amarte, para que nuestros corazones sean transformados, y, que tengamos placer en una vida de santidad. Contribuye con nosotros siempre. Peticiones que te hacemos en nombre de Cristo.
Amen