Isaías 40:7-8 ¨ La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de Jehová sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo. Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre. ¨
Amados, que la Paz de Dios sea con todos, y, que su misericordia nos llene por completo. Sigamos juntos en este propósito hermoso, de llevar esperanza, porque es lo correcto, vinimos a cumplir las misiones que Dios nos confirió, más que por recibir reconocimientos, aplausos, papelitos, y, bambalinas, por parte del ser humano. Hagamos el bien, y, las bendiciones llegaran a nuestras vidas.
Todo pasa, un ejemplo notable, es que las estaciones climáticas cambian, las opiniones cambian, las personas cambian, personas que hoy ocupan el centro de las atenciones, mañana son apenas recuerdos, lugares, ideas, tradiciones, todo parece estar en constante transformación, nada escapa del tiempo, ni siquiera nosotros, como está escrito en los textos de Isaías, ¨Somos como hierba que se seca, como la flor que cae, y, mientras mas percibimos esa fragilidad, mas vamos a entender lo preciosa que es la inmutable palabra de Dios¨. La Biblia fue escrita hace milenios, y, ha sido atacada de varias maneras, la Biblia ya fue usada en forma errada, por algunos, y, olvidada por muchos, pero ella permanece, y, lo más impresionante, es que mientras más el mundo gira, mas este mensaje bíblico parece tener sentido. Lo que fue dicho, por Salmistas, profetas, y, apóstoles, continua vivo, relevante, actual, sin cambiar una coma. La Biblia continua encontrando caminos para alcanzar nuevos corazones, eso ocurre porque la palabra, aunque fue escrita por hombres, ella viene de Dios, y, Dios no cambia, el es constante, fiel, inmutable, el es el mismo ayer, hoy, y, lo será para siempre. En un mundo donde todo es temporal, Dios nos ofrece algo eterno, algo firme, donde nosotros podemos apoyar nuestros pasos, sin miedo, pero para que esa palabra viva y transforme nuestras vidas, nosotros requerimos estar dispuestos a cambiar, requerimos confiar en un Dios que no cambia, para que nos transforme, todos los días. No es la Biblia que requiere adaptarse a nosotros. Somos nosotros, quienes requerimos de un corazón puro, de un Espíritu Renovado, de un alma dispuesta a oír y a obedecer al Señor. La constancia de Dios, nos consuela, Saber que el amor de Dios, no disminuye, saber que incluso con el pasar del tiempo, nuestro Dios sigue siendo el mismo, en los tiempos de alegría, o, tristeza, de hartura, o, escasez, la palabra de Dios está allí, firme, y, lista para recordarnos, de quienes somos, y, quien Dios es. Agradezcamos a Dios por esa fidelidad, por esa palabra, y, si hemos sentido, el pasar del tiempo, y, el peso de los cambios, recordemos que la palabra de Dios es vida. Vamos a estudiarla, y, a meditar en ella todos los días. Iremos por un corazón dispuesto a ser transformado, porque todo pasa, pero lo que viene de Dios, eso permanece.
OREMOS:
Padre Amado, es bueno tener tu palabra, estudiarla, leerla, y, meditar en ella, buscar comprenderla, y, seguirla a diario, te pedimos que nos bendigas a todos, para que podamos tener esa disposición, esa determinación Señor, para estudiar cada día tu palabra, buscando en ella encontrarte, conocerte, y, amarte más. Favorécenos siempre. Peticiones que te hacemos en nombre de Cristo.
Amen