2 Reyes 13:14 “Estaba Eliseo enfermo de la enfermedad de que murió. Y descendió a él Joás rey de Israel, y llorando delante de él, dijo: ¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! “
Amados, que la Paz de Dios sea con todos. Bienvenidos a este lugar de reflexión, e, instrucción, donde el propósito de Dios, se cumple en nuestras vidas. Perseveremos en dar cumplimiento a la voluntad de nuestro Padre Celestial. Así lograrémos ganar fortaleza espiritual, y, brindar un buen ejemplo al prójimo. Compartamos este material, y, llevemos esperanza a nuestros semejantes.
Mantengamos la postura, de que el pecado nos hace perder tiempo, y, aumenta nuestra debilidad espiritual. En este versículo que hoy estudiamos, es curioso pensar que Eliseo, estuviese enfermo, el que había orientado la cura del sirio Naáman, multiplicado el aceite, resucitado a un niño. Ahora, este mismo profeta estaba delante de la muerte, ese mensajero de Vida, ahora se veía vencido por la fragilidad del cuerpo. La escena es fuerte, Joas, rey de Israel, entra en la habitación del profeta, y, se emociona, el sabia que se despedia de una referencia espiritual, de un líder, un consejero, su frase, revela desespero: ¨¡Padre mío, padre mío, carro de Israel y su gente de a caballo! “, era como decir: ¨Tu eres nuestra fuerza. ¿Cómo continuaremos sin ti?¨, ese dolor es familiar para muchos de nosotros, quizá ya hayamos pasado por eso, ver a alguien que amamos muriendo lentamente. Quiza una madre, un abuelo, un amigo querido, o, quizá estemos experimentando eso ahora, es un tipo de Dolor que nos deja sin palabras. Queremos orar por cura, queremos creer en el milagro, pero sentimos también, el peso de la realidad, Eliseo no fue guardado de la muerte, ni siquiera habiendo sido instrumento de cura para tantos, el también enfrento a la enfermedad, esto nos enseña a que no siempre el milagro, vendrá de la forma en que esperamos nosotros, a veces Dios cura, y, otras veces, solamente consuela. Pero, en todas las situaciones, el permanece siendo Dios. Cuando enfrentamos la enfermedad, sea nuestra, o, de algún familiar, somos invitados a entregar nuestros miedos, nuestras angustias, y, esperanzas al Señor, confiar el él no es garantía de que todo va a salir como deseamos, pero descansar sabiendo que el es bueno, y, actúa con amor, incluso cuando no lo entendemos. Eliseo murió, si. Pero su historia no termino allí, su legado, su ejemplo, continuaron a testimoniar del poder de Dios, y, la verdad continua hasta hoy, por medio de la verdad expresada en la Biblia, Dios no desperdicia ninguna vida que es colocada en sus manos, ni siquiera en la muerte. Quizá estemos lidiando con alguna enfermedad difícil, o, estemos luchando al lado de alguien a quien amamos, pero la invitación es clara, ¨Coloquemos nuestra salud, miedos, y, temores, en las manos del Señor, el no nos abandona. El no se olvida de los que sufren¨, aunque la cura no venga, conforme a nuestra expectativa, Dios es fiel, y, permanece con sus hijos, y, el final, no es el final, cuando confiamos en un Dios que venció a la muerte, porque ¨No existe fin, para aquel que vive unido a aquel que es eterno, no existe fin para quien cree en un Dios bendito, glorioso, eterno, inmortal.¨, como dice Pablo: ¨Ni la muerte, puede separarnos del amor de Dios, que esta en Cristo Jesus¨. Dios nos bendecirá.
OREMOS
Amado Padre, te alabamos por tu palabra, porque sabemos que la muerte no tiene la palabra final, la palabra final es del Dios eterno, el Dios de la vida, que tengamos confianza plena en ti Señor, en la certeza de que nada nos separa de tu amor. Contribuye con nosotros. Peticiones que te hacemos en nombre de Jesús. Y, agradecemos, pues sabemos que vas a obrar en nuestro favor.
Amén