06 de Junio: El Valor de la Solitud

Mateo 14:23 “Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. “

 

Amados, que la Paz de Dios sea con todos. Saludos especiales, reafirmemos hoy con este acto nuestro compromiso con Dios, a obedecer sus mandatos, a ser mejores siervos cada vez, para llevar el buen ejemplo al prójimo, y, permitir que todos puedan seguir el camino de la salvación. Difundamos este material. Vamos juntos, como hermanos en este propósito maravilloso.

 

 

Mateo en este verso, nos está hablando sobre el Señor Jesús, en un momento de oración, t, conversación con su padre. Jesús era un hombre cercado de gente, por donde el pasaba, multitudes lo seguían, enfermos le tocaban, lideres lo cuestionaban, discípulos lo acompañaban, Pero incluso, con tanta demanda, el siempre arreglaba todo el tiempo para una practica esencial, compartir un momento de oración con Dios. En este verso, vemos un detalle precioso de la rutina de Cristo. Después de un día exhaustivo de milagros, y, enseñanzas, el despide a la multitud, sube al monte, y, ora solo, esa actitud revela una necesidad que muchas veces olvidamos, la de cultivar la solitud. Vivimos en una época, de constante conexión, celulares, computadores, redes sociales, reuniones, videos, inteligencia artificial, y, mucho ruido. Incluso, cuando creemos que estamos físicamente solos, estamos virtualmente acompañados, hay poco o ningún espacio para el silencio, y, lo más preocupante, es que muchas veces nos atemoriza estar solos, como si el silencio denunciara algo equivocado, pero la solitud no es soledad, mientras la soledad hiere, la solitud cura. Ella es un tiempo intencional, de encuentro con Dios, y, consigo mismo, es el momento para respirar profundo, desconectar el teléfono, enfocarse en la auto reflexión, cuando elegimos parar, elegimos que Dios nos revele quienes somos, y, quien es el, quiere que nosotros seamos. Jesús siendo Dios, buscaba al Padre en silencio, tan débiles, y, dependientes que somos realmente, necesitamos de esos momentos. Es en la solitud que encontramos dirección, cura, paz, fuerzas, para seguir adelante. Allí derramamos lágrimas sin explicaciones, hacemos preguntas sin miedo, y, recibimos respuestas que solo el corazón entiende. La verdad es que solo conseguimos tener intimidad con alguien cuando estamos solos con esa persona, lo mismo vale para nuestra relación con Dios, cultivar momentos de oración silenciosa, estudio de la palabra de Dios, sin prisa, conversación sincera con nuestro creador, eso es esencial, para tener una fe viva.  Quizá estemos cercados de actividades, de obligaciones, de personas, y, aun así sintiendo vacio, lejos de Dios. Sigamos el ejemplo de Jesús, despidamos a la multitud, subamos al monte de nuestra mente, encontremos un lugar para estar a solas con el Padre, puede ser un lugar de la casa, un lugar en el parque, o, apenas un momento silencioso, antes de dormir. Allí en silencio, vamos a percibir que Dios nunca estuvo lejos. Él estaba solo esperando, que estuviéramos en silencio, para poder susurrar, a nuestros corazones. Esos momentos de solitud con Dios, son esenciales, para que podamos buscar paz, en nuestra mente, y, corazón.

 

 

 

OREMOS

 

Padre Amado, gracias por todo lo que haces por nosotros, Conoces nuestros corazones, tu sabes que por la corredera de la vida, en ocasiones despreciamos esos momentos de compartir contigo, pero permite que desde ahora en adelante podamos organizarnos, y, aprovechar nuestros momentos de oración, e, intimidad contigo. Apóyanos siempre. Peticiones que te hacemos en nombre de Jesús. Y, agradecemos, pues sabemos que vas a obrar en nuestro favor.

 

Amén

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