Isaías 43:2 ¨Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.¨
Amados, que la Paz de Dios sea con todos, y que su misericordia llene nuestros corazones. Saludos cordiales, Hoy celebramos la vida, que por la gracia de Dios, es mejor para sus siervos. La obediencia a su voluntad es un factor importante a tener el cuenta, cuando queremos con todas nuestras fuerzas, recibir su bendición. Obedezcamos a la voluntad de Dios, compartamos este material, y, brindemos a las personas, un ejemplo sobre obediencia a la voluntad divina.
Existen momentos en que el corazón se siente diferente, y, sumergido, nos sentimos ahogados en culpa, vergüenza, y, dolor. Parece que vamos a perdernos en las olas de la vida, la conciencia pesa, el pasado pasa factura, el alma se doblega frente al peso de errores, que nos gustaría borrar, en ese escenario, es que ese verso, que encabeza este material, surge como un ancla de esperanza, Dios no promete que no pasaremos por las aguas, por los ríos o por el fuego, él promete algo mejor, que es ¨Acompañarnos¨, el va a estar con nosotros, él entra en las aguas con nosotros, él atraviesa los ríos con nosotros, él camina con nosotros por el fuego, y, cuando lo que nos aflige es culpa, el no nos acusa, él nos ofrece perdón. El perdón de Dios, es distinto a lo que nosotros conocemos, él no exige que nos redimamos por nuestros esfuerzos, el no coloca condiciones imposibles, el mira hacia nosotros con misericordia, y, nos invita a dejar atrás el equipaje pesado de la culpa, en las manos de él. Y, al hacer eso, algo sobrenatural, ocurre, el corazón comienza a quedar más leve, hay gente que carga con culpas antiguas, con decisiones mal hechas, de palabras que hirieron, de silencios que gritaron, mientras hay otras que viven intentando ser perfectas, para sentirse aceptadas por Dios, pero la verdad es que el perdón divino no se conquista, se recibe, y. cuando lo recibimos somos curados. Dios dice: ¨Ustedes si pasaran por las aguas, pero no se ahogaran¨, porque la gracia de él. Nos va a sustentar, su perdón nos rescata, la presencia de él, nos protege, y, eso vale para todos nosotros. No importa si tropezamos ayer, o, hace 10 años. Él aun, está aquí, perdonándonos, y, restaurándonos. Cuando entendemos que somos perdonados, dejamos de vivir abatidos, por el peso de la vergüenza, y, pasamos a vivir de cabeza erguido, con los ojos fijos en el. Nosotros somos libres, para amar, para recomenzar, para reir nuevamente. La ligereza del perdón no es negación del dolor, pero si la certeza de que ella ya fue llevada, por aquel que prometió estar con nosotros todo el tiempo. O permitamos que la culpa continúe viviendo donde Dios ya planto el perdón, hoy el nos invita a confiar. Nosotros pasaremos por las aguas, pero él nos pasara al otro lado, mas fuertes, y, completamente perdonados, ¿Estamos dispuestos a vivir esa experiencia con él?. Confiemos en el Señor, el ha hecho muchas cosas por nosotros. Las promesas de Dios ellas se cumplen, de cualquier manera. Aunque no entendamos, vamos a confiar, y, además Dios no nos pide que entendamos, solo nos pide que siempre confiemos.
OREMOS:
Adorado Padre, gracias por todo, especialmente por permitirnos este momento de oración donde podemos expresarnos ante ti, tu cumples tus promesas, tu realizas tus propósitos, ayúdanos a permanecer en tus caminos, en todo el tiempo, y, en todas las circunstancias, para que en ti tengamos victoria, fortaleza, y, demás. Colabora con nosotros. Peticiones que hacemos en nombre de Jesucristo.
Amén.