Romanos 7:7 ¨¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás.¨
Amados, que la Paz de Dios sea con todos, y, que su misericordia, llene nuestros corazones. Entreguemos nuestros corazones a Dios. El nos protege todo el tiempo, y, nos favorece. Esta imagen nos motiva a seguir avanzando, así existan adversidades, porque la invitación para que lleguemos en un lugar acogedor está hecha. Obedezcamos la voluntad de Dios, y, seremos bendecidos. Compartamos este material.
Pocas cosas nos irritan tanto como una señal roja, cuando estamos con prisa, El tiempo parece desacelerar, el carro que va al frente parece más lento de lo normal. Le decimos ¨Muévete rápido¨, y, quedamos mirando al reloj, queriendo que la luz cambie, y, a veces el escenario es más complejo, ningún carro al frente, ningún carro viniendo a los lados, y, asi mismo allí esta la señal, señal roja, y, debemos quedarnos inmóviles, porque esa señal nos invita a parar. La ley de Dios, para muchos parece exactamente así, un conjunto de reglas que obstaculizan nuestros planes, una voz que dice con autoridad ¨No¨, cuando todo en nosotros grita ¨Si¨. Es natural que en nuestro corazón humano, la ley Dios sea vista como límite, pero así como la señal roja tiene su propósito, que es preservar vidas, organizar el transito, evitar accidentes, la ley de Dios también tiene su papel, ella no existe para dañar nuestros caminos, pero si para cuidarnos, y, guiarnos. El apóstol Pablo al escribir a los Romanos, el dice que reconoció el pecado gracias a la ley, fue la ley que le mostro donde había error, y, es así en nuestros Días, sin ella nosotros seguimos ciegos, creyendo estar en control, mientras estamos en alta velocidad, rumbo a un cruce peligroso, la ley no es el problema, el problema es nuestro corazón rebelde, que quiere vivir sin ley, sin límites. Cuando entendemos que ¨No codiciaras, no adulteraras, no mataras ¨, son señales rojas dadas por un Dios, que nos ama, y, nos cuida. Entonces, nosotros pasamos dispuestos a ver la ley con otros ojos, al tener este conocimiento, no como una barrera a la libertad, y, si como un camino seguro a la vida abundante, que el Señor prometió. Imaginemos un panorama de transito, donde todos ignoraran señales rojas, el transito se convertiría en un caos, vidas se perderían, es la verdad. Así es en el mundo Espiritual. Donde la ley es despreciada, el pecado, corre suelto en la pista, y, las consecuencias, son: Dolor, destrucción, tristeza, pérdidas, y, cosas malas. Dios nos llama a reconocer que su ley es buena, justa y perfecta, ella revela el carácter de él, y, nos muestra el camino para vivir en forma plena, y, verdadera. La próxima vez que una señal roja, nos haga detener, respiremos profundamente, y, recordemos que detenerse es parte del camino, Dios sabe el tiempo correcto para todo, y, su ley sigue siendo un regalo, una guía constante, en este mundo confuso, Que agradezcamos a Dios cada dia, por el NO de Dios, pues es en ese limite que nosotros encontramos, libertad verdadera, Dios nos seguirá bendiciendo. En tal sentido, veamos la ley de Dios con ojos de cariño, de gratitud y de comprensión. Que Dios remueva de nuestros corazones todos los prejuicios, para con su Santa ley, y, nos conduzca a cumplirla con mucho gozo.
OREMOS:
Padre amado, condúcenos a cumplir tu ley con mucho gozo, llévanos a comprender que las señales rojas, o, tus noes, lejos de ser obstáculos, solo constituyen libertad. Impúlsanos a mejorar continuamente en la andanza por tus caminos.. Ayúdanos siempre. Peticiones que te hacemos en nombre de Cristo.
Amen