1 Reyes 19:11-12 “Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.“
Amados, que la Paz de Dios sea con todos. Como cristianos fieles nos enfocamos en seguir a Cristo, cumplir cada designación correctamente, y, no caer en conductas que puedan desviarnos del camino a la Salvación, prosigamos dando el buen ejemplo, para llevar a más almas a los caminos de Salvación, porque lo estamos haciendo bien. Difundamos este material, llevémoslo a todas las personas, vía online, y, también naturalmente predicando a viva voz en los entornos sociales. Dios está mirando, y, se agrada de nuestra labor.
Es un privilegio, cada día compartir un fragmento del evangelio con todos. Por eso es digno de agradecimiento, este acto que Dios esta permitiendo ahora mismo. Sabemos que Dios nos conoce, esa es una certeza, que llena los corazones, de quienes creen en el Señor, pero lo que muchas veces olvidamos,. Es que incluso, siendo conocidos por Dios, somos nosotros, quienes tenemos dificultad de conocerlo verdaderamente, el profeta Elías vivió una situación que ilustra bien esa realidad, el había acabado de presenciar uno de los milagros mas destacados de su vida. Dios respondió a su oración, enviando fuego del cielo, para consumir el sacrificio delante del pueblo de Israel, en un confrontamiento directo, con los profetas del falso Dios llamado Baal. Un momento grandioso, digno de la expectativa que muchas veces tenemos cuando pensamos en Dios, al final a todos nos gustaría ver a Dios actuando de forma poderosa, clara, e, incuestionable, pero luego después, Elías se vio abatido, con miedo, escapando para el desierto, escondido en una caverna, incapaz de ver a Dios. Observarlo, u, oír al Señor, fue entonces cuando el Señor se rebeló, no de la manera que Elías esperaba, no de la forma como el esperaba, Dios no estaba en el monte así, en aquel momento en que el viento soplo con vehemencia, ni en el terremoto, ni en el fuego, el estaba en una voz mansa, y, delicada. Así el se presento. Muchas veces a lo largo de nuestras vidas, dejamos de reconocer a Dios, porque esperamos de él, apenas lo extraordinario, lo grandioso, lo espectacular, esperamos por el fuego del cielo, los milagros visibles, las grandes transformaciones, pero muchas veces Dios escoge susurrar al corazón, hablando de la simplicidad, de un momento, de una oración sincera, de un texto bíblico leído sin prisa, o, de un silencio, cargado de paz. Nuestro problema no es que Dios no hable, nuestro problema es que nuestras expectativas, moldean la imagen que hacemos de el, esperamos a un Dios, que se manifiesta con señales espectaculares, y, olvidamos que el es el Dios del cuidado silencioso, de la respuesta calma, de la respuesta que agrada sin drama, Dios nos conoce desde antes de nacer, el conoce cada detalle, cada pensamiento, cada debilidad, pero nuestra jornada el nos da signos para que podamos conocerlo. Así como ocurrió con Elías, ese conocimiento exige silencio, humildad, disposición de oír su voz, hasta cuando el llega de una forma mansa y tranquila, solo susurrando, que hoy podamos abrir nuestros corazones, no para exigir que Dios se muestre como quisiéramos, sino para estar atentos a una voz suave, y, placentera, que revela el amor del Señor. Porque el Dios, que envió fuego del cielo, para Elías, es el mismo Dios que hablo en la brisa leve, y, el sigue hablándonos, de varias formas, incluso de manera suave, susurrando a nuestra mente, y, a nuestros corazones, que él nos de sensibilidad para oírlo.
OREMOS
Padre Amado, gracias por todo lo que haces por nosotros, sabemos que detrás de todo lo que acontece, estas tu, y, vas a ayudarnos siempre. Permite que podamos percibir ese susurro divino, con el que puedes manifestarte en nuestras vidas, para desde la sutileza transformar nuestras realidades, llevándonos a brindar el buen ejemplo, en todo momento, para llevar a mas almas a tus caminos. Apóyanos siempre. Peticiones que te hacemos en nombre de Jesús. Y, agradecemos, pues sabemos que vas a obrar en nuestro favor.
Amén