Romanos 6:3-4 “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. “
Amados, que la Paz de Dios sea con todos. Saludos cordiales, Dios nos ama mucho, miremos a nuestro alrededor para comprobarlo, enfoquémonos en las cosas buenas, todas merecen ser imitadas, copiadas, y, hasta mejoradas, en tal sentido hagamos el bien, perseveremos, y, brindemos el buen ejemplo. Sigamos el camino de la Salvación, y, repliquemos este material.
Este texto bíblico nos habla de que el bautismo en las aguas, marca un punto de cambio, una línea visible, entre lo nuevo, y, lo viejo, entre la muerte para el pecado, y, una vida nueva con Cristo, el bautismo, es un tiempo inolvidable cargado de emoción, y, significado. Todos deberíamos recordar el día, en que por una decisión personal, y, voluntaria, quizá de adolescentes, o, jóvenes en edad adulta, bajamos a las aguas, para ser bautizados, imitando a Jesús, sin duda, ese es un día inolvidable, pero la verdad, es que para muchas personas, después del bautismo, viene una fase así, medio extraña, que parece hasta asustadora, porque observemos: Quizá esas personas esperaban, que después del bautismo, ellas se sentirían instantáneamente diferentes, plenas, transformadas por completo, mientras tanto, el mundo a nuestro alrededor continua, igual, y, dentro de nosotros, aun existen luchas incluso aquellos que fueron bautizados las viven, es como si al salir de las aguas, fuéramos tomados por una nueva sensibilidad, pasamos a percibir claramente el pecado, claro que si, nuestros errores antes, casi eran desapercibidos por nosotros, ahora nos incomodan, profundamente, quedamos con miedo de fallar, ansiosos, por no deshonrar, el compromiso asumido con Cristo, y, con el tiempo, ese sentimiento, puede dar lugar, a una frustración significativa, como si la transformación prometida, no hubiera sido tan radical, como lo esperábamos, en ese momento, precisamos recordar, que el bautismo, es el inicio, no el fin, el nacer de nuevo, no es un punto de llegada, es un punto de salida hacia una mejor vida, pero si el primer paso, de una jornada de santificación. Dios no nos transforma de una vez, el nos transforma, todos los días, eso es un proceso. La novedad de vida, sobre la que Pablo habla, no es un evento puntual, pero si un camino continuo, andado en la compañía de Cristo. Mientras más andamos con él, más nos parecemos a él, y, el en esa convivencia diaria, en esos momentos de estudio de la palabra, en los momentos de adoración, en los altos y bajos de la caminada, que el Espíritu Santo, va moldeando nuestro carácter, la transformación verdadera, ocurre en el ritmo de la gracia, y, no de la prisa humana. Por eso si un día salimos de las aguas del bautismo, esperando milagros inmediatos, y, hoy sentimos que continuamos en construcción, sepamos que está todo bien, esa construcción es el propio milagro, Dios está trabajando en nosotros, y, el es fiel, para completar la buena obra, que él comenzó, A cada nuevo día, la muerte de Cristo, continua generando vida en nosotros. La Cruz, sigue siendo nuestro punto de partida, y, la resurrección continúa llamándonos a vivir de manera diferente, entonces, en nombre de Jesús, no nos desanimemos. Miremos al bautismo, como la mas bella de las jornadas, y, caminemos con esperanza, sabiendo que el mismo Dios que nos llamo, para novedad de vida, el esta con nosotros a cada paso.
OREMOS
Padre Amado, estamos agradecidos porque nos llamaste de las tinieblas para la luz del evangelio, porque nos das el privilegio de ser bautizados en nombre del Padre, del hijo, y del Espíritu Santo, haciendo una alianza contigo, y, con tu pueblo, ayúdanos a honrar este lindo momento de entrega en las manos del Señor, para vivir de forma digna para gloria de tu nombre. Apóyanos siempre. Peticiones que te hacemos en nombre de Jesús. Y, agradecemos, pues sabemos que vas a obrar en nuestro favor.
Amén