1 Tesalonicenses 4:16-17 ¨ Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.¨
Amados, que la Paz de Dios sea con todos, y, que su misericordia nos llene por completo. Saludos cordiales, es maravilloso cuando la gracia de Dios ilumina nuestras vidas, y, podemos manifestarlo realizando prácticas evangelizadoras, para llevar al prójimo a andar por el camino de la Salvación.
Hoy esta reflexión, está especialmente dedicada a aquellos que cargan en el pecho el dolor del anhelo, y, si perdimos a un ser querido, y, sentimos ese anhelo, tenemos el conocimiento de lo que estamos hablando, quizá requerimos en aquel momento despedirnos de esa persona a quien amamos, porque esa persona murió. Puede haber sido esa una experiencia triste, reciente, o, tal vez esa ausencia, ya acompañe nuestras vidas hace años, puede haber sido un amigo, alguno de nuestros padres, o, cualquier familiar, no importa el tiempo que pase, el corazón siempre siente la falta. El anhelo es una señal clara, de que el amor es verdadero, la muerte es una herida que el tiempo no cura, completamente. Pero esas palabras benditas, del texto de hoy, traen consigo un bálsamo, que va más allá, de un consuelo momentáneo. La palabra de Dios, nos entrega una promesa, y, más que eso, una esperanza viva. En principio, Pablo escribe para una comunidad, que enfrentaba el luto, y, que al igual que nosotros enfrentaba, el luto de las despedidas, él entonces afirma con toda certeza: ¨Los que murieron en Cristo, resucitaran primero¨, ¿Podemos imaginar ese dia?. Pensemos en un cielo abierto, con la voz de Dios, imaginemos las trompetas sonando, y, como dice el texto bíblico, que rápidamente, todos los que murieron confiando en el Señor, ellos serán resucitados, con un cuerpo nuevo, perfecto, y, glorificado. Ellos abren los ojos, para jamás cerrarlos, por la muerte. Y, ese día glorioso, de encuentro, se darán todos los gestos de amor, que tanto tiempo no se dieron. Es por eso, que aguardamos la venida segunda del Señor, y, no debemos sentir miedo, sino al contrario, nos sentimos con nuestros corazones, llenos de alegría, y, de esperanza. Creamos que la vida no termina en una urna, o, en una sepultura. El ultimo capitulo no es la despedida, cuando Jesucristo vuelva en gloria, la muerte dejara de existir, Y, nuestros seres amados, y, que vivieron, u, murieron confiando en el, ellos serán llamados de nuevo a la vida, esa es la certeza que debe alimentar nuestra fe, y, calmar nuestros corazones en los días de luto. Y, mientras el dia del reencuentro no llega, viviremos con nostalgia, y, anhelo, pero estaremos tranquilos, porque confiamos en la promesa de Dios, y, el reencuentro se producirá.
OREMOS:
Padre amado, gracias por todo, especialmente por tú promesa, que nos consuela en estos momentos de luto, que pasamos ante la pérdida de seres queridos. Ayúdanos a sobrellevar estos momentos, y, a brindar un ejemplo positivo, para llevar a más almas a tus caminos. Contribuye con nosotros siempre. Peticiones que te hacemos en nombre de Cristo.
Amen