Juan 20:13 ¨ Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. ¨
Amados, que la Paz de Dios sea con todos, y, que su misericordia, nos llene por completo. Saludos cordiales, qué bueno que estamos aquí reunidos en esta oportunidad, porque si ahora mismo está llorando usted, esta palabra es especial para usted. Primero que todo, despejémonos un poco de ese sentimiento que nos causa pesar; sepamos que Dios tiene la última palabra. Vamos a concentrarnos en el versículo de hoy, a veces ocurren cosas que en principio nos parecen malas, pero que al final, nos traen una gran bendición, nos preparan para nuevas cosas, así que mantengamos calma, no salgamos hablando y actuando impulsivamente, estemos en silencio y aparentemos sabiduría, demostremos esa sabiduría de que Dios va a obrar en nuestro favor. Y mientras tanto, compartamos este material para bendecir a los demás.
Aquella mañana de domingo, María Magdalena se acercó al sepulcro con el corazón cargado de dolor. Todo lo que había vivido en los últimos días parecía insoportable: la crucifixión, la pérdida, el luto y ahora el cuerpo de Jesús no estaba donde debía estar; era como si la tristeza no tuviera fin, y, cuando los ángeles le preguntaron por qué lloraba, su respuesta salió de manera inmediata, llena de desesperación, y dijo: «Es que se han llevado, mi señor, y no sé dónde lo han puesto». Lo que María no sabía, es lo que hace tan especial a esta historia, es que Jesús estaba mucho más cerca de lo que ella podía imaginar. Mientras ella lloraba tratando de comprender lo que había pasado, el propio Jesús había resucitado y estaba acercándose para consolarla. ¿Cuántas veces nosotros no hemos hecho lo mismo?. Nos dejamos consumir por la angustia; de manera impulsiva empezamos a caminar de lado a lado, haciendo un hoyo en el suelo, superdesesperados. Cuando lo que tenemos que hacer es actuar sabiamente, aguantar en la fe, ser resilientes por causa del amor de Cristo. Pero, tenemos miedo por la pérdida; únicamente vemos el vacío de la tumba y nos olvidamos de la promesa de resurrección, lloramos buscando respuestas, sin darnos cuenta de que Jesús está a nuestro lado, listo para secar nuestras lágrimas. María no reconoció a Jesús, en su primer momento, y muchas veces nosotros tampoco lo reconocemos, dejamos que la negatividad nuble nuestros pensamientos, muchas veces delante de las luchas de la vida nos confundimos, nos ahogamos en un mar de lágrimas, decidimos ignorar la verdad que está aconteciendo en este momento, la verdad es que Dios está con nosotros, a nuestro lado, consolándonos, orientándonos; él nos llama por nuestro nombre, así como llamó a María, el dolor Es real, el luto es verdadero, pero la esperanza es aún más fuerte. Aunque el camino parezca oscuro, él tiene un plan. Puede que hoy estemos llorando frente a una tumba vacía, frente a algo que perdimos; no entendemos por qué las cosas no salieron como habíamos planeado, pero Dios sí lo sabe. Él tiene todas las respuestas; con certeza lo que ha ocurrido va a traer bendiciones en un futuro. Nada cambia el hecho de que Dios está amándonos en todo momento y va a obrar en nuestro favor. Confiemos en que todo va a mejorar en nombre de Dios.
OREMOS:
Padre amado, gracias por todo, especialmente por amarnos siempre y estar con nosotros. Fortalécenos para seguir dando el buen ejemplo. Favorécenos siempre. Peticiones que te hacemos en nombre de Cristo.
Amen