21 de Septiembre: Manantiales (M)

Juan 4:14 «Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna»

 

Amados, que la Paz de Dios sea con todos, y, que su misericordia, llene nuestros corazones. Saludos cordiales amados, gracias por estar aquí una vez más, estudiando la palabra del señor, que nos alienta, para llevar una vida calmada, obediente a su voluntad, y, generadora de bendiciones, debido a que ciertamente cuando recibimos una bendición con parte de ella. Por ahí existen ciertas afirmaciones que sugieren, qué beber directamente de la Fuente, es siempre una mejor opción, en esta reflexión, lograremos identificar cuál es la fuente de amor y paz, para que podamos acudir a esa fuente a recibir lo que necesitamos llevar a cabo nuestra misión evangelizadora. Compartamos este material.

 

 

Un Manantial, es una fuente de agua, de donde brota el agua limpia, y brota constantemente, generalmente los manantiales, están escondidos en las profundidades de la Tierra, y, a diferencia de los reservorios artificiales, los manantiales son naturales, y, sostienen la vida de comunidades que están alrededor, normalmente donde hay un Manantial, hay permanencia, hay vida, hay futuro, Jesús al conversar con la mujer samaritana, él hizo una promesa extraordinaria, no solamente ofreció agua, esa agua que se sacia para siempre, sino que declaró Qué esa agua se convertiría en una fuente interior, que brotara para vida eterna, esa imagen es poderosa porque no se trata solo de la saciedad personal, es transformación, y, al mismo tiempo, es desbordamiento, o sea, Dios quiere saciar nuestra sed espiritual, Claro que sí, pero también quiere que hagamos algo más, él quiere que nos convirtamos en pequeños manantiales, Fuentes vivas que al recibir gracia del cielo, pasen a alimentar a otros. Porqué dónde hay conexión con Cristo, la sed de otros también puede ser saciada. No por medio de nuestro poder, sino por causa del agua viva, que se derrama en nosotros por el poder de Dios. Muchas veces pensamos, intentamos, o, buscamos saciar nuestra sed con placeres pasajeros. Pero pronto nos damos cuenta de que esas aguas son superficiales, son aguas malas, aguas que tienen la apariencia de ser blancas, cuando en realidad son aguas negras, solo el agua de Cristo, es la que permanece pura, solo el agua de Cristo, es constante, y, es suficiente, el agua de Cristo puede restaurar nuestras almas, porqué es él, Jesús la verdadera fuente, de donde brota la vida, Y, cuánto más nos acercamos a esa Fuente, más comprendemos que no fuimos llamados solo a beber, sino también, a compartir los beneficios de esa agua, así como un manantial no retiene el agua, sino que la deja correr libremente, Nosotros también debemos permitir, que la gracia recibida alcance a otros corazones, y, a otros individuos, Porqué con las bendiciones que recibimos, somos preparados para bendecir. En el fluir del amor, el fluir del servicio, y, del testimonio de que la promesa de Jesús se cumple, Nosotros somos bendecidos. Los manantiales forman comunidades, la presencia del agua atrae personas, siembra esperanza. Así deben ser nuestras vidas, cuando caminamos con Cristo, cuándo nos alimentamos de su palabra, y, oramos con sinceridad, nos convertimos en canales de vida eterna. Vamos a pensar en esto hoy, porque Dios tiene un plan poderoso para nosotros, y, nos va a transformar paulatinamente.

 

 

OREMOS

 

Padre Amado, te agradecemos por todas las bendiciones. Ayúdanos a esparcir la verdadera vida, la vida eterna, primero llénanos del material necesario, para ser manantiales de vida, a través de ti señor, qué podemos bendecir a otros. Ayúdanos siempre. Y, agradecemos, pues sabemos que vas a obrar en nuestro favor.

 

Amén.

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