Salmos 73:1-3 ¨Y les habló muchas cosas en parábolas, diciendo: «El sembrador salió a sembrar; y al sembrar, parte de la semilla cayó junto al camino, y vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en pedregales donde no tenía mucha tierra; y enseguida brotó porque no tenía profundidad de tierra; pero cuando salió el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron. Y otra parte cayó en tierra buena y dio* fruto, algunas semillas a ciento por uno, otras a sesenta y otras a treinta. El que tiene oídos, que oiga».¨
Amados, que la Paz de Dios sea con todos, y, que su misericordia, llene nuestros corazones. Bienvenidos a este instante de reflexión. Felicidades, por estar en este momento aquí. Dios se alegra, al notar que estamos alimentándonos espiritualmente con su palabra, y, que al mismo tiempo podemos orientar a más almas hacia sus caminos. Difundamos este material, y, orientemos al prójimo, a seguir el camino de la salvación, brindando el buen ejemplo.
Jesus era muy conocido por las historias que contaba, las llamadas parábolas, el brindaba a sus oyentes una experiencia sublime, que les hacía sentir la esperanza latente, las historias que Jesús contaba, eran simples, donde utilizaba elementos cotidianos de las personas de aquella época, pero poseían un propósito profundo, el objetivo era enseñar lecciones sobre el reino de Dios, pero esas lecciones no siempre eran obvias, y, Jesús constantemente, culminaba sus parábolas, con una invitación a la reflexión. El estudio de hoy tiene que ver con una de esas parábolas, específicamente, la parábola del sembrador. Esta parábola nos indica una verdad, respecto a nuestra atención al evangelio, actualmente, muchos oímos la palabra, pero las distracciones, dificultades, y, preocupaciones de la vida, impiden que ella cree raíces, Otros reciben la palabra con alegría, pero delante de las pruebas desisten, aquellos cuyos corazones están llenos de compromisos, ansiedades, y, deseos de este mundo, que el amor por la verdad acaba siendo sofocado, pero existen también, los que acogen el mensaje, con sinceridad, permitiendo que el transforme la vida, y, produzca frutos para la eternidad, y, allí nace la pregunta: ¿Qué tipo de suelo es nuestro corazón?. ¿Sera que el mensaje que estamos oyendo ahora, será olvidado rápidamente?. Como las semillas que cayeron por el camino. Muchas veces, creemos ¨Ëso no es para mi¨, o, apuntamos a nuestros hermanos, porque pensamos que el mensajes, es mas para ellos, que para nosotros. Y, dejamos que las semillas del evangelio, queden para atrás, en nuestra jornada con Dios. ¿¡Será que nuestra fe tiene raíces profundas o se desmorona al sentir dificultades?. Al final, las dificultades de la vida son muchas, a veces nos sentimos sofocados, por la vida sin perspectiva, sin ver una salida al final del túnel, puede ser que hoy mismo estemos sofocados por las pruebas de la vida, y, esas pruebas, provocan una lección valiosa, que el Señor, desea y nos está intentando enseñar, puede ser que tengamos un corazón fértil, pero ¿Sera que hay espacio suficiente para Jesucristo?, o, ¿Las distracciones de la vida nos están desenfocando?. Porque si es difícil agarrarse a Dios, cuando todo esta complicado, ¿Quién dirá de los momentos tranquilos de la vida en que nos olvidamos de que requerimos del camino de Dios?. Cuando todo está bien, nos falta la sed de buscar la palabra con toda nuestra alma, de agarrarnos a nuestro padre, como si nuestra vida dependiera de eso. La belleza de esa palabra, está en el hecho, de que ella no apenas, nos alerta, sino que nos ofrece una oportunidad de cambio. Jesús termina con el llamado, con estas palabras: ¨Quien tenga oídos para oír, oiga¨. Eso quiere decir, que la decisión está en nuestras manos, y, podemos ser transformados, Dios a través del Espíritu Santo, puede arrancar las piedras, remover las espinas, y, preparar la tierra, para que la semilla del evangelio, crezca y fructifique. La invitación, que se nos hace hoy, es: ¨Permitamos que Dios trabajen nuestros corazones. Abrámonos para el actuar del Espíritu Santo, y, busquemos una fe, que resista al tiempo, que cree raíces profundas, y, produzca frutos que glorifiquen el nombre del Señor¨.
OREMOS:
Padre amado, santifica nuestras vidas, transforma nuestros corazones, que seamos suelos fértiles, para que tu palabra, pueda producir frutos para la eternidad. Ayúdanos siempre. Peticiones que te hacemos en nombre de Cristo.
Amen