Éxodo 3:11 ¨ Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? ¨
Amados, que la Paz de Dios sea con todos, y, que su misericordia, llene nuestros corazones. Ya que con Dios, todo es mejor, abrámosle otra vez las puertas de nuestras vidas, para que con su instrucción nos transforme, y, nos convierta en mejores representantes de su reino acá en la tierra, para que brindemos en buen ejemplo al prójimo, sobre la obediencia a la voluntad de Dios, como lo hizo Jesús nuestro Salvador, a lo largo de su ministerio. Esparzamos este material.
Éxodo es el segundo libro de la biblia, este libro nos cuenta la historia de Moisés, quien fue usado por Dios, para llevar al pueblo de Dios a salir de Egipto. Moisés no se sentía capacitado para cumplir la misión que le había sido encomendada, por eso le hace esta pregunta a Dios, ¨¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? ¨, para muchos Moisés es el héroe del éxodo, el libertador, el hombre fuerte, el sujeto de la fe firme, que enfrento al faraón egipcio, que abrió el mar rojo, y, que condujo al pueblo de Dios en libertad, a través del desierto. Para nosotros los lectores de la biblia, es fácil mirar hacia la vida de Moisés y pensar, ¿Quién mas habría hecho eso?. Pero la historia real es diferente, es mucho más parecida con nuestra propia historia, Moisés nació en un tiempo difícil, pero él fue guardado, por Dios, recibió la mejor educación posible, y, el amor de su madre. El era fuerte, inteligente, parecía tener todo, lo que requería para hacer grandes cosas, hasta que su historia cambia radicalmente, cuando el mata a un egipcio, de heredero del trono, llego a ser fugitivo, de príncipe se convirtió en pastor de ovejas, en el desierto. Allí en el desierto, sin gloria, sin título, Dios comenzó a trabajar arduamente en el corazón de Moisés, porque para ser instrumento de liberación, El requería aprender humildad, Moisés requirió entender que solo no podría liberar a nadie, y fue justamente cuando el no confiaba mas en sí mismo, que Dios lo llamo, Dios lo uso poderosamente, pero quien libero al pueblo fue Dios, Moisés fue un instrumento en las manos de Dios, ¿Cuántas veces intentamos tomar el control de las cosas?. Creemos que con nuestra fuerza vamos a liberar a alguien, cambiar las situaciones, resolver problemas, creemos que Dios nos escogió, porque somos buenos lo suficiente, pero la verdad Dios nos escoge para transformarnos, y, después nos usa como el quiera para su gloria. Como Moises, a veces necesitamos pasar por el desierto de la humildad, pero ese tiempo no es perdida de tiempo, es inversión. En ese desierto de la humildad, oímos la voz de Dios, y, aprendemos a confiar, que somos preparados para un propósito, para una misión. Si hoy sentimos que no somos capaces, o, que fallamos demasiado para ser usados por Dios, recordémonos de Moises, Dios no escogió al mas perfecto, Dios escogió al que estaba dispuesto, y, el continua haciéndolo así. Que el Señor también nos use, como uso a Moises, no para que seamos exaltados, sino para que la liberación que viene del cielo, continue alcanzando los corazones de las personas sinceras, y, es una gloria para nosotros vivir esa experiencia, saber que somos instrumentos en las manos de Dios, para que otros sean bendecidos.
OREMOS:
Padre amado, aunque somos indignos débiles, pecadores, y, demás, úsanos como usaste a Moisés, porque estamos dispuestos a ser usados por ti, y, que mediante nuestras vidas, seas glorificado, y, las personas bendecidas. Favorécenos siempre. Peticiones que te hacemos en nombre de Cristo.
Amen