2 Corintios 5:10 ¨ Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.¨
Amados, que la Paz de Dios sea con todos, y, que su misericordia, llene nuestros corazones. Saludos cordiales, gracias por estar en este lugar alimentando nuestros corazones de la palabra de Dios, al reflexionar en la Biblia manifestamos nuestro compromiso para obedecer a Dios, y, compartir la buena nueva, con nuestro prójimo, que está atento al ejemplo de obediencia a Dios que estamos dando, para seguirnos, por tanto, intentemos llevarlos a todos a seguir el camino a la salvación.
Las palabras contenidas en este versículo, han sido objeto de ataques del enemigo de Dios, desde el Edén cuando Satanás dijo a nuestros primeros padres Adán, y, Eva, ¨Ciertamente ustedes no morirán¨, hasta nuestros días, el ha hecho grandes esfuerzos, para llevar descredito a la palabra de Dios, y, convencernos de que la desobediencia, no genera consecuencias. Notemos que la expresión de Pablo, de que es necesario, indicando que no es algo opcional, o, condicional, simplemente es un hecho que está determinado, Y, ¿Quién será juzgado en el tribunal de Dios?. Los impíos, o, los que desprecian la gracia de Dios, no serán juzgados solamente, el apóstol Pablo es claro, al decir que todos nosotros, compareceremos ante el tribunal de Cristo, este versículo, nos recuerda que: todos tendremos que rendir cuentas ante Dios, por nuestras acciones en esta vida. Ya sea que sean buenas, o, malas, nada quedará sin juzgar. Esto nos invita a reflexionar sobre nuestras vidas, y, a preguntarnos: si estamos viviendo de acuerdo a los valores, y, principios que realmente importan. No se trata solo de cumplir con las expectativas de los demás, sino de ser fieles a nosotros mismos, y, a nuestro propósito en este mundo. Al final, lo que verdaderamente importa, es cómo utilizamos el tiempo, y, las oportunidades que Dios nos ha dado, para hacer el bien, y, ayudar a los demás, pero sin olvidarnos de amarnos a nosotros mismos primero, ya que, la vara para medir el amor que debemos tener por los otros, es el amor que nos profesamos a nosotros mismos, lo cual está previsto en Manteo 22:39 ¨Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.¨. Actuemos conforme a la instrucción de Dios, hagamos el bien, para resultar beneficiados en nuestra comparecencia ante el tribunal celestial.
OREMOS:
Padre amado, contribuye con nosotros, para ser mejores siervos cada vez, favorécenos para que podamos hacer buenas obras, y, glorificar tu nombre. Ayúdanos siempre. Peticiones que te hacemos en nombre de Cristo.
Amen